Fútbol Fútbol Fútbol

Hoy, Viernes de Dolores, comienza oficialmente la Semana Santa. Por aquí abajo nos reservamos el primer paseíllo hasta el Domingo de Ramos, pero lo que es el desfile de caperuzos y mantillas se empieza a preparar desde ya. Mañana, Sábado de Derbi, comienza otra semana, menos santa, pero igual de trágica y gloriosa, si no más. Hablo del Via Crucis de los cuatro madridbarsas. El de mañana es, a priori, el menos decisivo de los cuatro. El siguiente se jugará el miércoles santo y decidirá el campeón de Copa. Palabras mayores. Los otros dos tendrán lugar el martes 20 y el miércoles 26, y en ellos Madrid y Barcelona se jugarán una plaza para la final de la Copa de Europa en Wembley. Eso ya acojona. Como es probable que no sobreviva, me gustaría dejar escritas para la posteridad algunas palabras sobre el fútbol, ese deporte.

Lo primero que hay que decir es que el fútbol es aburrido. Ello se debe a que, a diferencia de otros deportes como el baloncesto, el balonmano o el tenis, en el fútbol la mayor parte del tiempo no pasa nada. En un partido muy bueno puedes ver tres o cuatro goles y varias jugadas de peligro. Pero eso no es lo normal. Un aficionado del Recreativo de Huelva que acude a ver jugar a su equipo contra la Ponferradina puede pasarse hora y media viendo como veintidós tíos corren en pos del absurdo para volver a casa mascando un triste empate a cero. Por no hablar de los partidos que deben de verse en las ligas de Kazajistán o de Canadá. El fútbol, pues, sólo cobra sentido gracias a la ficción emocional que se crea a través de la identificación con un equipo. Aquí entramos en terreno peliagudo. ¿Cómo se hace uno de un equipo? Generalmente ocurre en la infancia y casi siempre por motivos esotéricos e irracionales (los que se aficionan al fútbol en la edad adulta son pocos y suelen ser hinchas impostados y fríos, difícilmente los veréis gritando fuera de sí y atragantándose con las pipas porque el entrenador ha hecho un cambio inoportuno)  Uno se hace del equipo de su ciudad, si tiene la suerte de vivir en una ciudad con un equipo decente, o se hace del equipo que gana siempre, o se hace del equipo que no gana nunca (si le va el masoquismo), o sencillamente elige un equipo porque le gusta el color de la camiseta o porque ahí juega un jugador que le llama la atención. También puede ocurrir que un familiar inconsciente te lleve al campo una tarde gloriosa de Mayo o que ese mismo familiar inconsciente te lave el cerebro a base de bien hasta tatuártelo con unos colores determinados. Sea como sea, una vez que tienes equipo no hay vuelta atrás. No hay conversos en el fútbol. Uno se hace hincha con todas las consecuencias y a partir de ahí la vida se convierte en un camino hacia la gloria o en un sendero que desemboca, jornada tras jornada, en la más abyecta de las decepciones.

Cuando tienes equipo todo cobra sentido. Pero sigue sin ser divertido. Antes de un partido importante es habitual sentir nauseas, ataques de pánico, claustrofobia, picores, sudoración extrema, sarpullidos, fiebre, mareos y demás sintomatología. Alcohol, tabaco y la compañía de otros sufridores en la misma tesitura ayudan a sobrellevarlo con cierta dignidad. Yo, la víspera de un partido importante, sueño invariablemente con una derrota cataclísmica de mi equipo. Entonces me vuelvo todo angustia y me paso el día deseando que el partido no llegue nunca. Y soy muy supersticioso: durante la última Eurocopa llevé puesta la misma camiseta en todos y cada uno de los partidos que jugó España, lavándola en cuartos, claro. Y he llegado a imponerme la absurda norma de encender un cigarro en el minuto 27 de cada partido que juega el Madrid, sólo porque una vez que perdíamos contra el Espanyol encendí un cigarro en ese mismo minuto y acabamos remontando y ganando el partido (nótese la primera persona del plural, claramente indicativa de demencia mental). Con todo y con eso, me considero un hincha normal. Conozco a gente mucho más extrema. Gente que no duerme después de una derrota. Gente capaz de recitarte de carrerilla alineaciones de partidos que se disputaron décadas antes de que sus padres vinieran al mundo. Yo no soy de esos, pero los entiendo perfectamente.

Como deporte, la práctica del fútbol exige gran habilidad. Dadle un balón a alguien que nunca haya jugado e inmediatamente lo veréis transformarse en una especie de pingüino artrítico con siete whiskys encima. Eso si no pisa el balón y se parte la boca. Se trata del único deporte que exige correr al mismo tiempo que uno se ve obligado a transportar un artefacto redondo y resbaladizo entre los pies. Por eso genera belleza. Algo que en principio debería ser caótico y más bien esperpéntico se convierte a veces, por obra de la habilidad de quienes lo practican, en un baile sutil y armónico, como la coreografía de un ballet ruso. Pienso en las jugadas que Totti y Cassano hacían dentro del área cuando jugaban en la Roma, en el gol de Zidane en la final de la Novena Copa de Europa que el Madrid ganó en Glasgow en 2002, en el segundo de Maradona a Inglaterra en cuartos de México 86 o en el regate de cola de vaca de Romario a Alkorta en aquel 5-0 del Barça al Madrid en el Camp Nou. El tiempo se detiene y lo imposible ocurre con la mayor naturalidad del mundo, como si en realidad debiera de ser así y no hubiera otra alternativa, cuando ciertamente es todo lo contrario: lo que ha sucedido es una imposibilidad lógica. Cuando un balón baja de las nubes en una vertical perfecta a bastante velocidad, casi nunca hay debajo un tipo que levanta la pierna izquierda casi a la altura del hombro, en un gesto perfectamente sincronizado, para golpear la pelota con la fuerza y el ángulo justo, de manera que ésta acaba colándose sin remedio  por la escuadra de la portería sin que el portero pueda hacer nada por evitarlo. Lo normal es que el balón se vaya alto, o que ni siquiera vaya a portería, o que sea detenido por el guardameta, o, más probable aún, que el aventurado ejecutor de la acción ni siquiera acierte a la pelota y se parta la pelvis por siete sitios distintos.

Luego está la emoción. Cuando Iniesta marcó el gol en la final del mundial (yo estaba en el salón de mi casa viendo el partido muerto de horror) me puse a gritar como un loco y empecé a zarandear cuanta cosa o persona estaba a mi alcance. Vi terror reflejado en las caras de los que me rodeaban. Y eran mi familia y mi novia. Es ese instante de sumo placer, ese artificio maravilloso, lo que convierte al fútbol en algo tan misterioso y perfecto. En la final de la Recopa del 96, Zaragoza y Arsenal empataban a uno en el último minuto de la prórroga y entonces Nayim enchufó una volea casi desde su campo y, me cago en la puta, yo soy del Madrid y no he pisado Zaragoza en mi vida, pero, ¡como grité ese gol! Y aquella vaselina de Zidane a Bonano en el Camp Nou, aquella pelota que parecía que no iba a entrar, que nunca bajaba. El penalti que Casillas le paró a Di Natale en los cuartos de la Eurocopa. La final de la UEFA que el Alavés estuvo a punto de ganar al Liverpool y que terminó 5-4. Y aquella otra entre Espanyol y Sevilla que acabó en los penalties después de que el Espanyol remontara dos veces con uno menos. ¿Cómo olvidar las lágrimas, las carreras locas de alegría, la desesperación, en fin, que rompe en júbilo tras una eternidad de tiempo detenido desde que el delantero controla y lanza hasta que la pelota finalmente entra en la red?

Yo sé que a mucha gente el fútbol le importa tres cojones. Sed comprensivos. Sin llegar a los extremos de esta obra maestra de la publicidad mexicana, tenéis que entender que necesitamos tiempo, dos semanitas escasas. Cuando todo termine volveremos a ser personas normales otra vez. De verdad.

(Para todos aquellos que hayan logrado la heroicidad de leer hasta aquí, una canción: El FRAC, la Fundación de Raperos Atípicos de Cádiz, grabó este temazo como homenaje a todos aquellos futbolistas de finales de los 80 y principios de los 90 que coleccionábamos en los cromos)

PD: Como siempre, Enric González lo explica mejor

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10 respuestas a Fútbol Fútbol Fútbol

  1. Tranquilo, Míguel. Muchos te comprendemos y sufrimos contigo…

    Yo ya he hecho mi predicción para este “rally de clásicos” o para este “póker de clásicos”, dependiendo del periódico deportivo que leas…

    Partido de Liga: 1 -1
    Final de la Copa: 2 – 1 para el Madrid.
    Ida de la Champions: 2 – 0
    Vuelta de la Champions: 2 – 1

    De momento, he acertado el primero. Mi apuesta nos situaría como campeón de Copa, que ya toca, y en la final de la Champions, probable y lamentablemente, contra el Manchester.

    ¡No son malos resultados! jejeje. Seguro que lo firmas.

    Cuando acierto TODOS estos resultados, nos vamos preparando para la Supercopa de España. Otros dos Barça-Real Madrid en agosto, ni más ni menos…

  2. Firmo ya!
    Me temo que yo no soy tan optimista y menos viendo lo de ayer. Lo único bueno es que cortamos la racha. Si Mou tiene un as escondido bajo la manga que lo saque ya, porque no sé yo…

  3. Pingback: Mes chocante « Ideas Contadas

  4. No me baso en ningún dato fiable. Es pura intuición, lo reconozco. Si analizara el partido del sábado de forma racional, estaría deprimido. Si valoramos el partido de ida en el Camp Nou, ni me molestaba en ponerme delante de la tele para ver el resto.

    Pero es fútbol, y les vamos a mojar la oreja. ¿Son mejores? Sí, pero nos toca ganar. Es lo justo, ¿no? jajaja.

  5. Ole ole y ole.
    Yo me voy creciendo según se acerca el partido, ya me conoces

  6. Sé que prometí no volver a escribirte hasta mayo. Encima, vas y escribes sobre fútbol, para facilitarme la tarea. Pero claro, añades un spot en la entrada y tengo que comentar aunque sea para que veas que sigo ahí, a este lado de la pantalla… Muy buena elección, los únicos anuncios sudamericanos que veo son argentinos. Está bien saber que hay publicidad en todas partes, por si me da por echar el vuelo.

    Ah! Por insistencia de Laro le he pasado esta entrada a mi padre y le ha gustado mucho tu estilo. Enhorabuena, porque es un lector crítico, jaja.

  7. Ese anuncio era un cebo: era tan bueno que sabía que no te ibas a resistir… Tu padre está ganado para la causa desde hace ya mucho tiempo jaja

    • ¡He picado! Caí en tu trampa, jajaja. Si te gusta algún comentario, resérvame el premio de mayo, eh? Falsificamos la fecha de mi respuesta y punto, me llevo el galardón a mejor replicadora de la primavera.

      Ay, si en lugar de en Desastre Diario escribieras en El País tendrías un lector fiel. Es que a través de internet le cuesta leer hasta a su yerno, jajaja.

  8. Hago constar que voy dos de dos en mis predicciones. Si bien dije 2-1 para el Madrid en la prórroga, creo que me merezco el beneficio de la duda porque apostar por la victoria madridista en Copa era bastante arriesgado… jejeje.

    ¿Canguelo? ¿Tembleque? ¿Miedo en Can Barça?

    Lo veremos el miércoles, después del 2-0 en el Bernabéu. Eso sí, tocará sufrir en la vuelta…

  9. Hum, puede que mi fatalismo sea una estrategia calculada para conjugar el mal fario, no te digo que no, pero sigo viéndolo difícil… Si conseguimos que no marquen en Madrid, creo que tendríamos alguna opción. Va a ser mucho más difícil que el partido de Copa. De momento hemos triunfado con el “efecto Pepe”, pero a la larga van a terminar cogiéndole el truco…

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