Libia: ¿Está la Coalición?… Que se ponga

Los rebeldes andan moscas. Van dos días ya que la Coalición de las no se sabe cuántas cabezas y ojos les suelta bombas sin venir a cuento. ¿Pero esto qué es?, se me preguntan los sorprendidos guerrilleros. Esto es la OTAN, amigo. Chapuzas como ella sola. Lo de cagarla con las bombas no es nuevo. En la guerra de Kosovo hubo anécdotas para regalar: colegios que aparecían de la nada allí donde debía haber habido una central eléctrica, niños descuartizados en lugar de generadores echados a perder, un hospital que de repente salía nadie sabe de dónde y quedaba reducido a escombros humeantes. También pasó en la última Guerra del Golfo. Y en Afganistán. Banquetes de bodas que se convertían en objetivos militares de la más alta prioridad, barrios chaboleros confundidos con centrales nucleares, el caos a domicilio, cortesía del mundo libre. Bombas inteligentes. Muerte a discreción.

Los rebeldes están que lo flipan. Míster Anders Fogh Rasmussen, baranda mayor de la OTAN, ya ha aparecido balbuciendo explicaciones en rueda de prensa. Aún no he oído a nadie enarbolar las dos palabras más cínicas e hipócritas que el lenguaje bélico ha creado en los últimos tiempos: daños colaterales. Las acabarán pronunciando si alguien la vuelve a cagar. Daños Colaterales. Es una construcción semántica que rebosa crueldad: arranca de cuajo la dignidad al ser humano y convierte un acto de barbarie en un procedimiento burocrático, como estampar un sello al pie de una instancia. Desde Occidente se aduce que los rebeldes y los gaddafistas son chungos de distinguir. Que los pilotos, en los aviones, ya no saben quién es quién. Que ponte tú a averiguar en mitad del jaleo de quién es el tanque.

Mientras, los libios se matan por el control de Ajbadiya, al este, y de Misrata, al oeste. Temerosa ante sus propios errores, la OTAN ha reducido el nivel de los bombardeos, permitiendo al ejército de Gaddafi recomponerse, reagruparse y contraatacar. Los insurrectos han empezado a producir y vender petróleo, un movimiento estratégico decisivo: el dinero se irá en armas, los rebeldes ansían artillería pesada para luchar en igualdad de condiciones contra el Hermano Líder. Esa es otra: a ver cómo se las apaña la Coalicición para armar a los rebeldes toreando su propio embargo.

La guerra civil libia, en fin, parece dirigirse cada vez más hacia un punto muerto. Desde Occidente se empieza a ver cada vez con mejores ojos un alto el fuego que permita una negociación entre las partes. Representantes del régimen de Gaddafi se han reunido ya con el primer ministro de Grecia, Giorgos Papandreou, y con el primer ministro turco, Tayyip Erdogan. Mientras, los rebeldes han oficializado el Consejo Nacional de Transición, con Mustafa Mohamed Abud Al Jeleil como Presidente y Mahmoud Jabril como Primer Ministro. La idea es crear un Estado paralelo, al este del país. El CNT ya ha sido reconocido como interlocutor válido por la Unión Europea y la misión diplomática en Libia de Naciones Unidas lo ha validado como único gobierno legítimo del país. Va para largo.

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