Arturo Bandini

Yo era Arturo Bandini. ¿Cómo no serlo? Yo quería ser escritor, había nacido en un pueblo perdido del mundo y me había marchado a la ciudad casi un niño todavía, todo sueños y cagado de miedo. Yo era Arturo Bandini. No había nacido en Rocklin, Colorado, y la ciudad no era Los Ángeles, y no eran los años 30, pero todo lo demás era igual. Como Bandini, me alimentaba de humo y de sueños. Y me sentía invencible y hundido un minuto después, y luego otra vez invencible. Porque yo era Arturo Bandini. ¿Y quién no?

Ningún escritor ha influido tanto en mí como John Fante. Y ningún  personaje me ha marcado tanto como Arturo Bandini, su creación más famosa. Fante nació en Colorado en 1909 y murió en California, después de una vida intensa, en 1983. Escribió. Publicó novelas y cuentos y durante algunos años trabajó en Hollywood como guionista. Su vida está entremezclada en su obra. Hay mucho de Fante en la tetralogía protagonizada por Arturo: Espera a la primavera, Bandini; Pregúntale al polvo; Camino de Los Ángeles y Sueños de Bunker Hill. Arturo Bandini era hijo de un albañil y odiaba la nieve. Soñaba con ser escritor y se moría de autocompasión en una pensión de Los Ángeles construida al revés sobre la falda de una colina, de tal manera que la recepción estaba arriba, a nivel de la calle, y había que bajar las escaleras para llegar a la sexta planta, donde estaba su habitación. Allí echaba de menos a Camila López, que terminó desapareciendo en el desierto, demasiado ángel para esta vida. Y desde allí salía cada mañana a la calle en busca de experiencias que plasmar en ese gran libro que nunca llegaba.

Hay un gran escritor dentro de John Fante. Su obra se olvidó durante mucho tiempo y fue un poeta de moda el que la rescató en los años 80. Charles Bukowski se empeñó en que se reeditara la obra de Fante. De ahí que se le colgara la etiqueta de precursor de Bukowski y padre del realismo sucio. No es correcto. No lean a Fante esperando encontrar a Bukowski. La maravilla de Fante estriba en la sencillez de su estilo. Parece simple pero es terriblemente difícil escribir así. Su temática es limitada. Vocación, conflictos familiares, amor, religión. No hay más. Toda su obra brilla. La hermandad de la uva, Llenos de vida, Un año pésimo y Al Oeste de Roma, sus otras novelas, giran siempre en torno a lo mismo: familia y sueños. A veces por cumplir, otras veces traicionados.

Escribió su última novela, Sueños de Bunker Hill, en 1982, un año antes de morir. Para entonces la diabetes lo había destrozado. Estaba ciego y tuvo que dictar el libro a su esposa, Joyce. Termina así:

Me estiré en la cama y me quedé dormido. Atardecía cuando me desperté y encendí la luz. Me sentía mejor, ya no estaba cansado. Fui a la máquina de escribir y me senté. Mi idea era escribir una frase, una sola frase perfecta. Si podía escribir una buena frase, podría escribir dos, y si podía escribir dos podría escribir tres, y si podía escribir tres, podría escribir eternamente. Pero, ¿y si no me salía? ¿Y si había perdido todo mi hermoso talento? {…} Tenía diecisiete dólares en la cartera. Diecisiete dólares y el miedo a escribir. Me senté muy tieso ante la máquina y me soplé los dedos. Por favor, Dios mío, por favor, Knut Hamsun, no me abandonéis ahora. Me puse a escribir y escribí…

Como Arturo Bandini, Fante fue un perdedor orgulloso. La frase en negrita es mi credo.

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