Parte 2

Me oís clamar contra la gilipollería, profeta o loco: ¡Es la hora! ¡Es la era! Los jilipollas, y lo digo con jota, nos cercan y asedian. Dicho así, gilipollas, suena tan poca cosa. La ge es tan liviana, tan letra apocada. En cambio la jota es ruda, justo lo que requieren los tiempos. La jota se acumula en la garganta como un escupitajo que es una bala presta a volar hacia la cara de tantos que acunan y duermen espíritus libres. Es la palabra de moda: libertad. En Libia luchan por la libertad. En Egipto y en Túnez ahora son libres. Aquí, en esta España nuestra, gracias a Dios y al caudillo que tan bien lo ató todo, somos la hostia de libres. Ya es que reventamos de libertad, que diría Destouches. Somos libres para ir a un bar y que ningún malnacido nos llene la fanta de humo. Somos libres para elegir dentro de unos meses entre ladrones e incompetentes. ¡Somos el copetín! Debemos ser el único país del continente que tiene las cunetas llenas de muertos, pero eso sí, qué reconciliados y que tan a gusto vivimos. Eso no tiene precio y a los huesos, verdad, qué puede importarles la lluvia. La tragedia del escribidor es que las palabras son tan inofensivas… Decíamos de la era de la jilipollería. Hay que serlo para aguantar mamoneos y reprimendas de gerifaltes encefálicamente planos. Como a niños nos llevan y traen. Cuando el poder se pone paternalista hay que ser muy capullo para achantar y a otra cosa. Vivimos bien, a lo que parece, por eso nadie protesta. A pesar de que un día de estos descubriremos que el país ya no es nuestro: lo sacaron en venta y vaya usted a ver qué listo se lo compró. Igual da. Siempre se nos dio bien sonreír señoritos.  Nos queda el alma. La mía es pequeña y asustadiza y me paso los días buscando la forma de guarecerla del frío. Miro mis semejantes y pienso qué pena tener tan poquita vida que malgastar. Qué lástima diñarla viejales sin nada en la manos con que aporrear a la muerte, ni este poquito de fuego, ni esta mijita de amor, ni una baratija de haber vivido. En eso consiste el nuevo mundo. En gastar la vida sin vivir un día tuyo.

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