Libia: Capítulo Tres

Se confirma la Guerra Civil. Gaddafi resiste en Trípoli con los restos de su ejército, sus mercenarios subsaharianos, su artillería pesada y su aviación. El Hermano Líder no sólo defiende su posición sino que contraataca para hacer retroceder a los rebeldes. La aviación gubernamental bombardea estos días Ras Lanuf y Ajbadiya. Ayer se registraron fuertes combates en Misrata. Gaddafi ha recuperado Ben Yuad, un enclave estratégico en la lucha por el control de los yacimientos petrolíferos. Los rebeldes se preparan para lanzar un ataque masivo a fin de recuperar la ciudad y afirman haber derribado un avión ruso el sábado pasado en Ras Lanuf. Según Al Yazira, también Zuaiya ha caído en manos de las tropas leales a Gaddafi.

Hay que andar con mucho cuidado con estas informaciones. La guerra, como se sabe, tiene varios frentes. Uno de los más importantes es el de la propaganda, y ambos bandos se esfuerzan en la lucha de la desinformación. Se lanzan rumores sobre ciudades conquistadas, ataques rechazados, ciudades reconquistadas. Es difícil contrastar las informaciones.

Resulta complicado también especular sobre el futuro de los acontecimientos. Tras el avance espectacular de los primeros días, cuando los rebeldes llegaron a cercar Trípoli, los insurrectos se ven ahora obligados a retroceder y reagruparse. Gaddafi bombardea y avanza, corta suministros hacia las ciudades rebeldes y, por primera vez desde que empezó la revuelta, las fuerzas opositoras admiten la posibilidad de una derrota. El Consejo Nacional, creado por los rebeldes para dirigir las operaciones de la lucha y la transición  política a la democracia tras la eventual victoria, llama a la comunidad internacional a intervenir, declarando una zona de exclusión aérea, pero el acuerdo no es fácil. La zona de exclusión aérea impediría los bombardeos de Gaddafi sobre su propia población. Se trata, en pocas palabras, de delimitar una zona e impedir que ningún avión militar libio pueda entrar en ella. Para eso hacen falta gran número de aviones, helicópteros, portaaviones, buques y pesonal militar. Mucho dinero. Hace falta, también, derribar cualquier avión libio que desafíe la zona de exclusión, lo que en la práctica supone un acto de guerra y una violación del principio de no injerencia de Naciones Unidas. La cosa se sigue discutiendo, y las últimas derrotas de los rebeldes parecen empujar a la comunidad internacional a buscar un acuerdo para intervenir en el conflicto.

También se ha hablado de negociación. Se especula que Gaddafi podría ofrecer un trato a los rebeldes. Se dice que los rebeldes podrían ofrecer un trato a Gaddafi. Nadie confirma  nada. Se habla de que el coronel abandonaría el poder a cambio de ciertas garantías para él y su familia. Se cuenta que los rebeldes abandonarían la idea de detener y juzgar a Gaddafi a cambio de que éste consintiera en abandonar el país.

Mientras tanto y pase lo que pase, en Libia se pelea por la Historia. Después de Túnez y Egipto, que fueron agradables paseos de domingo en comparación con esto, el régimen de Gaddafi es el siguiente señalado para la caída. Los nuevos tiempos en el mundo árabe exigen democracia y libertad, independientemente de lo que convenga a dictadores chungos y occidentales cínicos. Si Gaddafi cae, ganará la Historia, y está revolución, que nace de las tripas y la dignidad de los hombres, seguirá hacia adelante.

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