El Día de la Marcha

Mientras escribo esto, en Egipto ha caído la noche. El Gran Día de la Marcha toca a su fin. La de hoy es la tercera embestida. Tras la primera gran manifestación, la semana pasada, Mubarak se vio obligado a remodelar su gobierno y nombrar, por primera vez desde su llegada al poder, a un vicepresidente. El elegido fue Omar Suleiman, jefe de la Oficina de Inteligencia y con gran influencia entre los mandos militares. La segunda embestida llegó el martes pasado: la gran concentración de la plaza del Tahrir desencadenó el discurso televisado de Mubarak en el que afirmó que no se presentaría a las elecciones de Septiembre. Ese día Mubarak se mostró firme en sus intenciones de seguir en el cargo y dirigir la transición. Asimismo negó que fuera a abandonar el país. “He nacido en Egipto y moriré en tierra egipcia”, sentenció.

Dos embites del pueblo, dos cesiones por parte de Mubarak. El nombre elegido por los organizadores de las protestas no es casual: hoy se espera la renuncia de Mubarak y su salida del país. A esta hora el presidente sigue en su cargo, pero los hechos se desencadenan imparables y todo parece indicar que acabarán precipitándose en breve.

Esta mañana nos sorprendían dos noticias de gran relevancia: el New York Times desvelaba en primera página que la Administración Obama lleva días negociando en secreto una transición sin Mubarak; el hombre elegido para las negociaciones es, precisamente, Omar Suleiman, que día tras día sube enteros como hombre fuerte del nuevo régimen interino. La segunda noticia llegaba desde el periódico egipcio Al Ahram: la CIA advirtió a Obama a finales de 2010 de la posibilidad de una  revuelta en Egipto. A la Casa Blanca el estallido no le coge por sorpresa. Han tenido tiempo para desarrollar su estrategia y están empezando a aplicarla.

Todo es muy complejo. Hoy mismo un grupo de opositores moderados se ha reunido con Suleiman para empezar a establecer las bases de un proceso de transición que encabezaría el propio vicepresidente. Poco ha trascendido de la reunión: Mubarak cedería todos sus poderes a Suleiman a cambio de continuar en su cargo con un título vacío, algo así como “presidente honorífico”, hasta el fin de su mandato. Es una vía abierta que puede coger fuerza en las próximas horas, pero cuesta creer que la crisis pueda resolverse sin la salida de Mubarak.

El presidente se aferra al poder y ha jugado sus cartas. El pasado miércoles, tras la gran concentración del día anterior en el Tahrir, los partidarios de Mubarak se echaron a la calle con un doble objetivo: reventar la concentración pacífica de la ciudadanía y silenciar a la prensa extranjera. Hubo batalla campal en el Tahrir y el hotel donde se alojan la mayoría de los corresponsales extranjeros fue rodeado y sufrió un amago de asalto. Un periodista griego sufrió heridas por arma blanca y seis periodistas de TV3 fueron retenidos durante varias horas por la policía militar. Las oficinas de la cadena Al-Yazira en El Cairo, por su parte, han sido incenciadas por los partidarios del presidente. Mubarak juega la baza del caos y el miedo. Esto, multiplicado por cien, ocurrirá si me voy, es el mensaje.

Pero, lejos de amendrentarse, los egipcios siguen en la calle. Hoy, por fin, el Ejército ha detenido a varios alborotadores pro-Mubarak. Puede parecer un gesto de escasa relevancia, pero es algo. El Ejército juega un papel clave en la revuelta y de momento no se ha pronunciado claramente. Su papel está siendo ambiguo y por momentos peligroso. Cierto que no reprime las concentraciones de la oposición. Cierto que no hace cumplir el toque de queda. Pero no hay un gesto claro contra el actual presidente. Ese gesto podría llegar en las próximas horas y sería, ya sí, el hecho que lo desencadenaría todo. Ningún dictador se mantiene en el poder sin apoyo militar. Ninguno.

Por su parte, Mohamed el-Baradei ha afirmado hace escasas horas que no se presentará a unas hipotéticas elecciones: mi papel, ha venido a decir, será el de motor del cambio durante la transición. Los Hermanos Musulmanes siguen a pie de calle y se han convertido en la gran incógnita fuera de Egipto: todo Occidente se pregunta qué intenciones albergan y los reportajes acerca de la organización se suceden en los medios de comunicación.

A todo esto queda Israel, pero ya habrá tiempo de hablar de eso. Y quedan el resto de países árabes. De momento, las revueltas se extienden y hoy mismo se han convocado manifestaciones en Siria, a las que se unen las ya conocidas de Yemen y Jordania.

La información no da tregua. El Gran Día de la Marcha toca a su fin y nadie sabe si Mubarak verá el amanecer de mañana como presidente de Egipto. Al fin y al cabo, los dictadores siempre huyen de madrugada.

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