Por su obra lo conoceréis

Se ha muerto Enrique Morente. Digo se ha muerto en andaluz, porque Morente era de Granada, y por aquí abajo la gente se va al otro mundo con el pronombre personal por delante. Son cosas de este sur de tremendismo y maravilla. No creo necesario entrar a valorar los aspectos oscuros de sus últimos días y la demanda por una posible negligencia médica interpuesta por la familia. No tengo datos y no soy médico. A mí me gusta el flamenco y me gustaba, mucho, el cante de Enrique Morente. Me gustaba su voz ronca, su exquisita sensibilidad a la hora de escoger las letras y admiraba, por encima de todo, su búsqueda infatigable de la belleza.

Es difícil explicar en pocas palabras por qué fue un genio. Es imposible abarcar en un texto que ya empieza a cansar (como cualquier despedida) todo lo que hizo por el flamenco. Si alguien quiere saber qué es el duende ese del que tanto hablan los flamencos que escuche el fandango que Morente grabó mano a mano con Sabicas en el disco Nueva York-Granada: son dos minutos y medio, guitarra y voz, que arrancan oles de la sangre.

Para mí Morente es, además de un ídolo, un referente moral. Su obra es un camino recto. Lo viejo y lo nuevo. Se mira siempre hacia delante, sin olvidar jamás lo que hay detrás. Morente sabe quién es y de dónde viene, sabe hacia dónde se dirige y sabe, además, por qué. Nada es superfluo, nada vacío, detrás de cada canción hay un ansia de perfección casi enfermiza. Por eso era tan grande. Da igual si cantas, si pintas o si escribes, Morente es un espejo donde mirarse siempre.

Sus méritos son enormes y la prensa los glosa estos días. Cualquier especialista en flamenco que podáis leer por ahí os los aclarará mejor que yo. Personalmente lo prefiero por alegrías, ese palo de nombre engañoso que tan bien resalta las tragedias. Morente susurra las alegrías y las adormece hasta convertirlas casi en una nana, con un estilo único, que le pertenece en exclusiva, que nadie domina como él.

Fue un personaje irrepetible que abrió caminos por los que otros transitarán de aquí en adelante. El mismo flamenco no sabe aún, no puede saberlo, cuantísimo debe a ese señor bajito del pelo revuelto. Su obra es pura sensibilidad e inteligencia. Sus palabras, siempre cargadas de sentido común y de humor, son, junto a su música, el mejor recordatorio en estos días.

Sabed que los grandes no mueren.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Ídolos, Canciones y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s